Nirvana a ras del suelo

Con su característico estilo rico en imágenes maravillosas y sin utilizar mayúsculas ni puntuación, Javier nos traslada a mundo imposibles o quizá a otra manera de ver el mundo…


Al final del paseo hay un puesto de ceniza

y ahí está Nirvana con su delantal de zanahorias

esparciendo codornices recién ejecutadas


vende camaleones de pigmento sucio

sostenes manoseados y almanaques abatidos

obeliscos con lunas ensartadas en la punta

ambientadores que huelen a sinsonte

y pastillas para la garganta

con sabor a ayeres


ella no quiere pero la enmarca el horizonte

y de los barrios pobres sopla un viento

que le teje a deshoras una hamaca

y delicadamente le va trenzando el pelo

y hace con sus ojos lo que quiere


su tenderete siempre a punto de apagarse

no sabe uno cómo siempre va y se enciende

enrollando sus serpientes en los árboles

atizando a sus huestes a caballo y desmontando

los pedestales donde lloran las estatuas


y Nirvana dale y dale erre que erre

empinando sus carteles sonrojados

anunciando que la Atlántida se vende


los distraídos que fingen distraerse

se creen superiores a Nirvana

hasta que pisan su umbral los inocentes

y hasta los niños se descalzan


los ogros más valientes se detienen y preguntan

en el mostrador cuánto les cuesta

un par de sorbos de su lluvia

y ella les tiende las manos insolentes

para que beban brebajes alarmantes


por más que uno se estire ya confieso

que con Nirvana no se puede

tiene siempre a mano un escudo o un parapeto

para eso es la emperatriz de las esquinas

y tiene de su lado un ejército de duendes


la historia es bien sencilla

nosotros compramos

ella vende

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