Fabian C Barrio

Fabián C. Barrio escritor, viajero y mago

Al dar la vuelta al mundo descubrí un inesperado gusto por las incomodidades y estrecheces, y …

Entrevistamos a Fabián C. Barrio: escritor, viajero y para nosotros mago. A través de esta entrevista vais a descubrir porqué…

Entrevista

Fabián, he de confesarle que debo hacer un gran esfuerzo de contención para no acosarle con cientos de preguntas sobre sus viajes, su visión del mundo, sus pasiones y tantas otras cosas. Sin embargo, elegiré 13 preguntas a través de las cuales deseo profundizar en Fabián, el hombre que se encuentra más allá de una gran elocuencia.

P.- Un día lo deja todo y sale a dar una vuelta que le llevó a dar la vuelta al mundo…¿Qué dejó atrás al emprender el viaje que nunca volvió a ser igual?

Los años previos a mi vuelta al mundo fueron una pequeña locura de despilfarro, vida frívola y promiscua, y muchísimo trabajo, con niveles de estrés altísimos y muy poca satisfacción personal. Era un pijo pero también, por culpa de mi herencia gallega, un planificador nato, que vivía siempre asustado y receloso.

Al dar la vuelta al mundo descubrí un inesperado gusto por las incomodidades y estrecheces, y que la gente del mundo hace mucho menos planes de los que hacemos los occidentales, y  eso está BIEN. En general, mi umbral de percepción del peligro y la incomodidad se diluyó casi por completo y mi círculo de seguridad se expandió hasta casi el infinito. 

P.- Llevar la magia del cine a rincones olvidados de Latinoamérica, ayudar a los niños esclavos de los circos indios, ¿Fabián, el viajar desarrolló su lado filantrópico o ya exitía en usted antes del viaje? ¿Podemos hacer algo desde nuestro sillón para apoyar esos proyectos?

Decididamente sí. Antes de salir a dar la vuelta al mundo no tenía en absoluto sentimiento alguno de conmiseración por el sufrimiento del prójimo, seguramente por pura ignorancia.

Recuerdo el primer viaje a la India que hice con un grupo organizado, me llevaban de acá para allá con chófer privado y dormía en viejos palacios del Rajastán. Y la India me pareció bonita. Cuando la atravesé en moto, perdí diez kilos en un mes. Por una mera exposición física a la realidad de la calle. Si el cuerpo pierde diez kilos, créame que algo también ocurre en su cabeza y en su alma.

África también fue un sopapo brutal. Tardé seis meses en atravesarla. Cuando por fin crucé la frontera de Israel y me quedé en la primera ciudad, Eliat, a orillas del Golfo de Aqaba, recuerdo que me alojé en el hostal más modesto que encontré y, para mi asombro, había aire acondicionado y de la ducha salía un chorro más que generoso de agua a una temperatura perfecta. Luego, salí a pasear, y me encontré con la típica ciudad occidental de vacaciones: había parterres inmaculados, los neones funcionaban, alguien se detuvo ante mí en el paso de peatones. Me senté en el malecón y estuve llorando yo solo cerca de una hora. De alivio, sí, porque había conseguido atravesar Africa de cabo a rabo y permaneciendo intacto, pero también sintiendo una desgarradora tristeza por tantísimos millones de personas que no sabrán jamás lo que es un parterre de flores, un paso de cebra, un aire acondicionado que funciona, o una ciudad disfrutando de la paz del atardecer en calma.

En los dos proyectos solidarios que emprendí, Proyecto Suraj y la Ruta Mainumbí, pude descubrir el valor de las ONG. Sé que está de moda decir que seguramente todo lo que dones se lo queda algún desalmado por el camino, y la verdad es que no sé contestar a eso más que… bueno, usted puede quedarse en su sofá criticando, o donar diez para que llegue uno. Ni se imagina qué falta hace ese uno. Si simplemente se queda usted tuiteando en el sofá, ni siquiera ese uno llega. 

P.- ¿Qué es la voz para usted? ¿Qué significa en su vida?

Es mi instrumento de trabajo. Cuando era un adolescente, heredé de mi tío dos viejos grabadores Revox, de esos de cintas, y un par de micrófonos de estudio. Me pasaba horas leyendo cosas, poemas, cuentos, mezclándolos con música. Y años después trabajé en doblaje y en la radio. Como nunca he sido de profundizar demasiado en ningún oficio, lo abandoné todo por el cochino dinero, y mire, ahora me ha tocado desempolvar viejas habilidades. La de vueltas que da la vida.

P.- Si por alguna extraña enfermedad sólo pudiese pronunciar 3 palabras, ¿qué palabras serían esas si las pudiera elegir antes de enmudecer?

“Nada importaba tanto.”

P.- Si le digo la palabra “Felicidad” y le pido que cierre los ojos, ¿qué ve?

Absolutamente nada. La felicidad, parafraseando a John Lennon, es lo que ocurre mientras estamos buscándola. Es mucho menos pirotécnica de lo que le han contado. Está en una cucharada de sopa, o una risa que oye por la calle de un niño pequeño, en conseguir matar a una mosca cabrona, o en enviarle una foto de una flor a su madre.

P.- Cuenta usted Fabián, si no me equivoco, con 4 libros publicados Morador del Asfalto, Salí a dar una Vuelta, Las mejores rutas por el Mundo en moto y Malabar ¿Cuál es el libro de los que ha escrito que le ha costado más trabajo escribir y ¿por qué?

Le falta uno en esa lista*. Mire, si está buscando al típico escritor atormentado que tiene que vomitar lo que lleva dentro, no soy yo, decididamente. Nada en mi vida es tan místico. En mi caso, escribir consta de dos fases. Una, es un proceso automático, que disfruto bastante. Me siento, y las líneas se escriben solas, sin que yo intervenga conscientemente en lo que allí ocurre. No tengo ni idea de cómo se produce el fenómeno, pero creo que es común en muchas personas que se dedican a eso.

La segunda fase es un verdadero coñazo. Consiste en releer una y mil veces lo que ha escrito su subconsciente para pulirlo y que tenga una forma que pueda llegar a entenderse. Pues bien, esta segunda fase es DOLOROSÍSIMA. Hablo de un dolor físico indescriptible. Le duelen los ojos, los dedos, las muñecas, el torso, el estómago, el cuello. Es espantoso. Y siempre, siempre, frustra, desencanta, te deja con una sensación total de inutilidad y de vergüenza. Es horroroso. No sé qué libro costó más escribir. Supongo que el más largo, ¿no?

Sí puedo decirle que el que más disfruté escribiendo fue Malabar. La primera fase la vomité en tan solo dos meses, en Kathmandú. Si algún día faltaba la inspiración, salía a caminar por las calles de esa ciudad y se presentaba en cualquier rincón. Kathmandú me llenaba de vitalidad. Escribía en los cafés, en las plazas, en el balcón de mi habitación, y era sencillamente delicioso.

* [En efecto, pero no sólo me faltaba un libro, sino dos más: Púser nunca existió, la guía de viajes Marruecos en moto ]

P.- ¿Por qué le gusta el color azul?

No me gusta especialmente. Soy más de negro, la verdad.

P.- Chipre, esa roca en mitad del Mediterráneo ¿qué le susurra al oído?

Le repito que no soy nada místico. Chipre tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Vine por la fiscalidad, pero decididamente me he quedado porque es una balsa de calma en un mundo muy enfermo. En Chipre la enfermedad del mundo salpica poco. Y si no quieres que salpique nada de nada, sólo tienes que cerrar Twitter. Chipre me gusta porque, en el fondo, soy una señora inglesa jubilada. Bajo a desayunar a un cafetín de aquí al lado unos hojaldres rellenos de espinacas. Nunca jamás cierro la puerta del coche o de la casa. Hablan un idioma extranjero del que de vez en cuando pillo alguna palabrita suelta y eso me pone contento. El clima es increíble. Paisajes, ruínas, playas y ciudades son de una mediocridad encantadora que me provoca cierta ternura. Las puestas de sol son magníficas. Aquí se está BIEN.

P.- En Nativa Selectta somos grandes viajeras y nos ha emocionado su audio sobre los viajes, impecable, apasionado… Dígame Fabián, ¿qué asignaturas incluiría en la educación obligatoria para convertirnos en mejores personas?

No es competencia del colegio hacernos mejores personas. Eso es obligación de sus padres.

P.- Fabián, compararía La Biblia, La Torà y el Corán a la Mitología, ¿son recursos para encontrar respuestas o las respuestas las tenemos en nuestro interior?

No nacemos con las respuestas dentro, eso lo tengo claro. En cuanto a los grandes libros y las leyendas, creo que son una invitación a la reflexión. En el caso de los libros religiosos, además, son un intento por controlar a las personas por medio del miedo, la culpa, ya sabe, esas cosas que cultivan las religiones para hacernos sentir mal y que tengamos que buscar consuelo, cobijo y perdón en su seno.

P.- Qué amansa “mejor” a las fieras según usted, ¿la música clásica o las plataformas de series a la carta?

Ambas son excelentes formas de amansar fieras, pero la primera eleva el espíritu y la segunda lo embrutece.

P.- Acaba de emprender un nuevo Proyecto Famélica Legión, ¿a quién va dirigido?

Sólo rezo porque no aparezca alguien con un arma y lo último que escuche en esta vida antes de ser apuñalado con saña sea “eres demasiado hermoso para este mundo”.

P.- Si digo “mamá”, usted dice…

Mamá me construyó unas alas hechas con las poquitas plumas de pájaro que encontró por el camino, con unas cañitas frágiles, con cera que raspó de unas velas que iluminaban las noches de su cárcel en el torreón. Me regaló, con infinito amor incondicional, las mejores alas que supo construir para mi. Me dijo por dónde debía volar para que el sol no derritiera la cera y el mar no empapara las plumas. Y por eso, le estaré eternamente agradecido.


Si queréis descubrir más sobre Fabián C. Barrio podéis dirigiros a su web o a su canal de Youtube


Nota aclaratoria: Desde Nativa Selectta hemos recogido las respuestas / declaraciones realizadas por nuestro entrevistado con el mero objetivo de recoger información plural desde la fuente de la misma. En ningún caso nos hacemos responsables de las declaraciones vertidas en esta u otra entrevista de nuestra plataforma de comunicación.

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