Essaouira, La Orden del Ibis Negro
Capítulo XLIX


“Señores les ruego que se sienten y me entreguen sus maletines. También el sello de cada uno”. Moriarty quedó desconcertado.

No esperaba esta reacción de la dama sentada delicadamente. En cambio el hombre obeso intentó abalanzarse hacia la señorita armada con revólver.

Ella avanzó ligeramente su pie derecho interponiéndose al paso de aquel hombre. Aquel botarate cayó al suelo como un paquete de harina en un almacén.

Moriarty si ni siquiera hizo un gesto de desaprobacion. Señaló su maletín que estaba al lado de su asiento. Le hizo ver que era suyo. Se desprendió a su vez del anillo y lo acercó a la palma de su mano.

La voz del comandante del avión les hizo saber que estaban próximos a su aterrizaje y les instó a abrocharse los cinturones.

La dama se sentó con una maniobra absolutamente femenina sin dejar de empuñar el revolver y señalarles directamente a su cabeza.

El hombre que había aterrizado en el suelo se incorporó poco a poco. Gotas de sudor se instalaron en su frente. El resto de los pasajeros ni se inmutó.

Sorprendente porque habían escuchado toda la conversación y no podían haber dejado de ver el revolver empuñado.

“Caballeros, a partir de este momento yo seré su guía. Espero que se comporten debidamente y no me hagan tener que actuar de una forma indecorosa y violenta”.

Moriarty solicitó un whisky. Sus nervios lo necesitaban. El hombre obeso ya estaba bebiendo un vaso de agua pero cuando observó lo que Moriarty tomaba, sugirió que también deseaba lo mismo.

“Caballeros, no sé sorprendan. Yo soy una de las enviadas del Vaticano. Esta institución no puede consentir que ustedes investiguen lo que han estado hablando incluso en Lucerna. Mi objetivo es convencerles de que no divulguen lo que creen saber. Eso dañaría la institución de una manera irreversible. si no obstante, no soy capaz de ello, serán condenados y usted Moriarty ya sabe de lo que estoy hablando”.

Un tirón mecánico les hizo sentir que habían tomado tierra. La dama se acercó a los dos caballeros y les entrego un sobre a cada uno de ellos.

En el del hombre obeso se podía leer la palabra Igneo Nobis.

En el de Moriarty se veía claramente Memento mori.

“Caballeros, lean detenidamente su contenido y decidan ustedes su destino, vivir o morir”.

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