Essaouira, La Orden del Ibis Negro
Capítulo XLIII


El rumor de sillas y papeles detrás de unas de las paredes contiguas, rompió el silencio de la habitación donde Cordelia y Moriarty continuaban en solitario.

Se oyó una voz más alta que las otras diciendo,” No podemos mantenerlos con vida. Su sola presencia descubrirá el secreto.

Y hará que toda nuestra pirámide jerárquica se destruya al instante. Ya sabéis que la pena de muerte no es una de las sentencias de las que nos sintamos más orgullosos.

Sin embargo en este momento es estrictamente necesario. Es un mal menor. Sabéis que el mensaje que recibimos en Essaouira era claro. Más que claro, contundente.

Nadie perteneciente la orden del Ibis Negro o conocedora de tal orden, debería llegar a las puertas del Vaticano. Saltaría la alarma del Milenio. Y eso ya sabéis lo que significa.

El Sumo Pontífice sería asesinado. Y sea o no sea un usurpador, es el que mantiene el orden universal, junto con su guardia personal secreta, y nosotros”

Otra voz replicó: “El maestre Carmine ha sido asesinado y no hemos sido nosotros. Si nos achacaran esa culpa, ello minaría nuestro crédito ante el Sumo Pontífice.

Si ahora nos deshacemos de Moriarty y de Cordelia, nos enviarán al ostracismo, nos eliminarán de su libro Ad Privilegium, y tendremos que huir, sin ninguna protección ante nuestros enemigos”.

Moriarty intentó levantarse. Cordelia le hice un gesto con el dedo en sus labios. No debía pronunciar palabra. Querían escuchar todo aquello que decían en la sala contigua.

¡Hermanos! La bolsa negra del balotaje de votación, ya circula en la sala. Todos disponéis de una bola blanca y una negra. Con una sola bola blanca que aparezca en el recuento, la Sentencia será suspendida.

¡Procedamos!

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