Essaouira, la Orden del Ibis Negro
Capítulo VI

¿Podrán Moriarty y Klaus salir de la encerrona que les han preparado? ¿Llegarán a Londres o sus planes serán truncados por…?


Moriarty tomó una decisión. Se levantó de su sillón y recorrió el
pasillo de la cabina como una exhalación. Sin ni siquiera una pregunta, se introdujo en la zona de mandos, tomó del brazo al comandante y lo redujo contra una de las paredes de la carlinga. Unas esposas veteranas hicieron el resto.

Klaus, asustado, desde el fondo del pasillo gritó ¿Qué es lo que piensas hacer? ¿De verdad sabes pilotar? Moriarty tomó el micro y los cabezales de inicio de despegue, y con voz firme pidió permiso a la torre.

Los, aproximadamente 10 pasajeros que transportaba el avión, se
tornaron pálidos. No obstante no se atrevieron a contrariar a la improvisada tripulación.

Moriarty reclamó a Carmine la carta de navegación que estaba en uno de los estantes. Cuando la tuvo en sus manos señaló con una cruz una de las coordenadas. ¡Ese era el rumbo!

Klaus sonrió. Carmine estupefacto se giraba y miraba a los lados. En ese impass, Moriarty al mando de la nave, ejercía de comandante.

A lo largo del vuelo no hubo más sorpresas. Solo quedaba la duda, de
qué ocurriría al aterrizar. ¡Todo aquello era prácticamente un
secuestro!

Moriarty espetó a Klaus de improviso: No debes preocuparte por ello ya sabes que no podíamos aterrizar en Ginebra, y esa es la escala que nos tenían preparada.

Ginebra era la única ciudad europea, en la que su aparente inmunidad, se veía debilitada. Era y es, la ciudad en la que la Orden del Ibis Negro, emitía todos sus mandatos, y el de ejecución era común, si tenían que elegir entre sus maquinaciones y unos caballeros impertinentes.

En el horizonte, Londres, con una bruma nada habitual…

Ilustración de Londres por Bocadillo de Chopped

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *