Essaouira, la Orden del Ibis Negro
Capítulo IX

Nuestro protagonistas se han topado con la enigmática y seductora Cordelia, de la Orden del Ibis Negro…


Cordelia: “Sé hacia dónde os dirigís y yo os puedo ayudar. Es el número 32, ¿verdad? No os preguntéis cómo he llegado a saberlo. Os debéis preguntar cómo os puedo hacer salir de esta situación”.

Cordelia portaba un arma en la mano. Era un revólver plateado, discreto pero contundente. Por su postura, gestos y actitud no se podía vislumbrar si les estaba amenazando, o era una forma de protegerles…

Recorrieron el pasillo con cierto sigilo pero no sin rapidez. Al lado de la puerta de emergencia, un pequeño hueco en el que apenas cabía un hombre, les proporcionó la salida al exterior.

Francamente era algo excepcional y curioso. Un viejo autobús procedente de la época de la Guerra les estaba esperando. Era el mejor camuflaje.

Se encaminaron hacia las portezuelas de salida y allí hicieron una pequeña cola con otros vehículos. Dos policías escrutaron en el interior de varios de ellos, y no encontraron nada extraño a su parecer.

Carmine y Moriarty esperaban que Cordelia les diese una explicación.
Klaus inmutable.

Londres era una ciudad potencialmente peligrosa en cualquier momento. Sin embargo todos ellos eran conscientes de que, en aquellas horas, el mundo occidental podría perecer.

En un trayecto de aproximadamente 25 minutos, acabaron por cercionarse de que la reunión en el número 32 en Easter Street iba a ser más animada y concurrida de lo que ellos deseaban.

En una de sus paradas, el autobús los acercó a 300 metros del número 32.
No había posibilidad de que les dejase más cerca. Llamarían demasiado la atención. Era como un autobús turístico haciendo la ronda por el Londres de siempre. Y eso es lo que debería parecer.

Llegados a este punto, nuestros protagonistas, descienden del vehículo, miran hacia los lados, y se encaminan hacia el portal. Carmine duda, y Moriarty le toma del brazo, y con un gesto leve le empuja hacia delante.
Cordelia sonríe. Efectivamente los tiene donde ella deseaba.

En el ascensor nadie dice una palabra. Y cuando Cordelia se posiciona frente a la gran puerta, sin necesidad de que haga ningún gesto, ni llame, ésta se abre y la oscuridad se abre paso.

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